martes

CUBANÍA: RECUERDOS Y REALIDADES
No por gusto ves una palma real en una foto y se te hace pequeña el alma de tanta tristeza, melancolía, recuerdos, y quien dice una palma, dice la foto del barrio, una cara conocida, un encuentro casual con una bandera o un negocio cubano en algún lugar del mundo. No es chovinismo, no es política, es sencillamente el amor a la patria, limpio y puro, sin odios azusados, ni rebeldías intolerantes. Es el deseo de sentir todas aquellas cosas que aprendistes a amar desde pequeño y que, en ocasiones ni siquiera te dieron tiempo a conocerlas más que en fotografías, en relatos y en esa añoranza que sale de la garganta de quien amas y que no se cansa de hablar sobre el olor de los cañaverales, el humo del tabaco, la miel, el aroma a café recién colado, el cacao, el puerco asado, los vecinos, la música y te sientes en el tiempo y no tienes más espacio que sentir esa impotencia por no poder disfrutar de las cosas que amas.
Sentirte lejano de las cosas que más añoras es difícil, te rompe el alma en mil pedazos. No puedes regresar al pasado pero lo puedes volver a vivir y es difícil porque si logras regresar la desilusión te destroza aquellas memorias que creias intactas. Ya no están los viejos amigos, el vaso de ron sobre la mesa, todo huele diferente a como lo recordabas, los acordes de una guitarra, el son, el baile, un viejo Cha Cha que quiere regresar a sus antiguas glorias, una pareja danzando con ese bajo de cajón una vieja estrofa, la bandera sobre la espalda de una mulata, las calles sucias y no sabes como puedes cambiar las cosas, no sabes que es lo que era y no quieres sentirte lejos de tus recuerdos.
Vuelves y regresas, las calles y la gente, la música alta, las guaguas sin nadie colgado en las puertas y lo extrañas, la calle 23, el Coppelia, la gente que no conoces, los gineteros, los policías, las paladares, una mesa de dominó, el doble nueve, los niños gritando en la calle sobre un cuatro esquinas, una voz oscura que te pide un peso para alegrar su abandonada calle, los graffitis, los parques abandonados en su vieja añoranza, La Casa del Té, la escalinata, San lazaro: Rincón y Calle, La Habana Vieja, los pintores, las calles sin tatuajes, los perros sueltos, los discos, la gente con rostro cansado, rostros tristes, la melancolía, el espacio entre los que tienen paz y los que la mendigan.
No por regresar vas a encontrar aquellos letreros en los árboles, los amigos que no sabes, el lamento de la gente que no sabe qué hacer con su futuro y buscas aquellos lugares donde solías sentarte a pensar en el futuro y ya no están, o si, solo que ya la gente que querías volver a ver se han marchado, ya no hay aquellas canciones tan queridas, la vieja escuela de la guitarra protestante, los clubes, las esquinas llenas de policias, el asfalto roido, los edificios sin pintar, cristales rotos, hoteles lujosos que contrastan con aquellas viejas posadas donde corriamos de adolescentes para aprender los misterios del placer, el viejo arbol de la esquina de mi casa, más gordo y triste, mutilado por aquellos latones de basura que nadie sabe por qué no han recogido en días.
Solo regreso desde mi sueño y las palabras ajenas, no puedo entrar a mi propio destino, a esa pequeña y bella Isla donde un día hace 43 años nací y que tuve que abandonar por mis ideas, por no dejarme doblegar y que, aunque lo deseo enormemente, no me dejan entrar, no me dejan recordar de cuerpo presente esas añoranzas que tanto alimento le dan a mi corazón. Un día, Dios quiera que no muy lejano, todos los cubanos regresaremos a esa bella tierra y viviremos en paz, sin odios, sin tiranos....

1 comentarios:

.Lis dijo...

Linda recordação do seu povo, e emociona. Viver em outra terra que te adotou é normal ter o coração na infancia que ficou lá atras.
Belas palavras e muita saudade.
Abraços do Brasil

 
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